Liderazgo femenino

 

Hace ya algunos años mientras era una intraemprendedora que iba pululando por empresas intentando encontrar mi oportunidad, en una de las compañías a las que opté a esa gran oportunidad y la perdí me dijeron: Sara, hemos decidido no tenerte en cuenta porque eres demasiado buena persona y te falta lo que tiene Morata.

Morata era el director financiero y al que temía toda la empresa. Sí realmente no tenía lo que tenía Morata, no me he caracterizado por ser una persona que me gustase amedrentar y más bien prefiero un buen dialogo que los gritos, pero estuve mucho tiempo reflexionando sobre esto. ¿Era mi capacidad dialogadora, no impositiva y reflexiva lo que me imposibilitaba el alcanzar un puesto de verdad? ¿Tenía que causar miedo para conseguir que me respetaran? ¿Tenía que dejar de sonreír porque parecía demasiado buena niña?

Muchas mujeres nos hemos encontrado durante nuestro camino con esta reflexión y algunas hasta hemos probado la estrategia del temor pero sin resultados. Para dirigir no hay que imponer y el respeto no se consigue con miedo. Aprender a delegar, confiar en el equipo, saber elegirlo, motivarlo, dar ejemplo son fundamentales, pero tanto o más es reconocer esas herramientas personales que te hacen tener valor y por lo que tu equipo te respetará. El liderazgo femenino va de esto, de otra forma de liderar con esas herramientas que como mujeres tenemos.

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